Ranchería Zapotal 3ra Sección, Comalcalco — 18 de abril de 2026
La ceremonia se desarrolló en un ambiente de profundo respeto y conexión con la naturaleza. En el centro del espacio se colocó un altar con ofrendas de frutas, hojas, flores y veladoras sobre el suelo (cacao, plátano, calabaza, Caimito y coco) símbolo de gratitud hacia la Madre Tierra. A lo largo del acto, se realizaron invocaciones, oraciones y declaraciones espirituales dirigidas al Gran Espíritu, a los guardianes de la naturaleza y al sagrado cacao.
Durante su intervención, Hernández Maldonado destacó la importancia del cacao no solo como alimento, sino como elemento fundamental en la historia y espiritualidad de los pueblos mayas. Señaló que esta semilla, considerada “de los dioses”, fue clave en la evolución cultural de esta civilización, que dejó atrás los sacrificios humanos para adoptar ofrendas de cacao, flores y frutos, marcando lo que describió como “el camino blanco”, en contraste con el “camino rojo” de otras culturas mesoamericanas.
Asimismo, subrayó el valor del cacao desde una perspectiva biológica y simbólica, mencionando incluso su relación con elementos esenciales para la vida, como el magnesio, necesario para el funcionamiento del sistema nervioso. En ese sentido, hizo un llamado a revalorar el “sagrado cacaotal” como una riqueza no solo cultural, sino también económica, ante el creciente interés global por estas tierras productoras.
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| Efrén Hernández Maldonado |
Uno de los momentos centrales fue la invocación al Gran Espíritu del cacao y a sus guardianes, reconociendo esta semilla como una medicina ancestral que ha guiado la sabiduría de los pueblos originarios. Se invitó a los asistentes a acercarse al altar y participar en una oración colectiva, destacando que estas prácticas trascienden religiones y forman parte del legado espiritual de los ancestros.
La ceremonia incluyó también rituales de orientación hacia los puntos cardinales, donde se pidió permiso y perdón a la Madre Tierra por los daños ocasionados por la humanidad, como el uso de agroquímicos, monocultivos y transgénicos. La música de tamborileros acompañó cada transición, reforzando el carácter tradicional del evento. Estuvo a cargo del grupo de Tamborileros de Comalcalco "Tamborichocos".
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| Tamborileros Tamborichocos |
Otro de los ejes del mensaje fue la relación entre el cacao y la identidad cultural de Tabasco. Se resaltó cómo esta semilla forma parte de la vida cotidiana, la gastronomía y las expresiones artísticas de la región, desde bebidas tradicionales como el chorote hasta canciones, danzas y rituales. También se abordó el concepto de “bioculturalidad”, entendiendo el cacao como un vínculo entre la biodiversidad y las prácticas culturales.
El sacerdote enfatizó que el cultivo tradicional del cacao, basado en sistemas diversificados similares a la selva, representa un modelo ancestral que aún sobrevive frente a las prácticas industriales actuales. Este sistema, dijo, no solo produce alimento, sino que también conserva la memoria, el amor familiar y la herencia de generaciones pasadas.
Finalmente, se hizo un llamado a asumir el papel de guardianes de la naturaleza, honrando las enseñanzas de los abuelos y manteniendo viva la armonía con el entorno. La ceremonia concluyó entre música, reflexión y un sentido colectivo de identidad, reafirmando la importancia del cacao como símbolo de vida, comunidad y resistencia cultural en Tabasco.
Expreso mi agradecimiento a los hermanos Hernández Isidro, Juan y Arturo, originarios de Comalcalco, por compartir la información que hizo posible la difusión de esta ceremonia, profundamente arraigada en la tradición y la espiritualidad vinculada a la Madre Naturaleza.


