Por Jesus Mendez (Chuchoco)
Tabasco se viste de rosa…
y yo lo siento en el alma.
Camino por sus calles y veo cómo las hojas del macuilis
transforman todo a su paso, llenando el paisaje de una belleza que no solo se
mira, se vive. Levanto la mirada y me encuentro con ese contraste perfecto
entre el rosa y el cielo azul… y en ese instante, no puedo evitar sentirme
profundamente orgulloso de haber nacido en esta tierra.
Me quedo quieto, observando cómo el viento desprende las flores. Verlas caer, girando con la elegancia de bailarinas en su último acto, es un espectáculo que me hipnotiza. No solo caen al suelo; lo transforman, lo visten de gala hasta convertir cada banqueta en una postal viva. Caminar sobre ese tapiz rosado me hace sentir que Tabasco no solo florece, sino que nos abraza, recordándonos la belleza de nuestras raíces en cada rincón que habitamos. Es, sin duda, el regalo más esperado de la temporada.
Y ahí estoy… contemplando, sintiendo, guardando cada
instante.
Porque hay momentos que no se explican, solo se viven…
y este, sin duda, es uno de ellos.
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